21/8/15

Estación fragmento


Hace 24 horas, tiempo del hombre, sentó sus piernas sobre las mías y me entregó un motivo. Venía en una hoja de papel arrugado que de seguro hacía parte de alguno de sus viejos cuadernos de literatura.

Una vez el papel, la miré a los ojos y nos juramos un amor eterno hecho con pétalos de rosa, a la medida de la temperatura del momento, siete micheladas y media después.

... Amaneció y apenas podía diferenciar entre la realidad y el sueño, pero solo por las dudas voy a dormir un poco más.


15/8/15

Estaciones paralelas (1)



Una mesa y dos cervezas sobre una tabla redonda, pequeña, en su expresión más íntima. Nada más honesto y claro que eso anticipaba una casualidad con necesidades e intenciones todavía distantes.

En la mesa dos mundos maduros, profundos, con muchos kilómetros de territorios claramente definidos, pero todavía con tantos más de distancia por andar, descubrir y encontrar.

A ellos les vino la noche, y con la noche otras rondas. Algo de fuego ficticio en chimeneas de piedra y una guitarra de acordes dispares que buscaba dar el toque de fondo perfecto. 

-"Pidan su canción" dijo el hombre tras la guitarra de madera opaca, un prestidigitador que debió terminar en la música tras descartar otras tantas maneras de ganarse la vida.

- "El Hombre del Piano, El Hombre del Piano"-, solicitaba el único otro tablón con asistencia en aquel jueves taciturno que hacía de todas las cosas una posibilidad. Hasta el artista en las tablas se sentía en la gloria, y subía el volumen de sus notas emocionadas entre escasos y alicorados aplausos.

Poco después, ante el descarte, ante la estrechés de las opciones, vino la atención: -"Ustedes, la mesa de allá, pidan su canción, pidan su canción"-... y surgieron las risas... y ante la demora en la decisión, la petición se hizo conversación, y un hombre anciano que formaba parte de esa otra mesa sugirió lo prematuro, lo imposible en aquella escena bizarra de acordes perdidos, de tantas sillas vacías que planteaban la intención de atender a tantos que fueron tan pocos en esa noche.

- "Pidan la canción, en serio, una para enamorarla", insistía la euforia, respaldada por la guitarra, por el desconcierto.

Y mientras ellos se iban, el hombre anciano en la mesa, apenas audible, seguía elucubrando su visión de esa pareja, que mientras salía, él la veía a punto de tomarse la mano, de declararse una promesa con la mirada y tomar un tiquete de tren conjunto. Luego, sin detenerse, sin tener nada más en sus vidas que el amor, viajarían por las tierras y los mares, por las planicies y los bares, dedicados a la potencia misma de sus deseos, de sus antojos, de sus infinitas posibilidades de vivir un momento que era para siempre.

Pasando tan felices podrían venir los años pero no importaban, porque eran inciertos en medio de un tiempo que no transcurría, que siempre parecía insuficiente cuando se encontraban los dos, cuando caminaban descalzos por la playa, que era cualquier lugar en que estuvieran juntos y pudieran verse a los ojos por un instante, siempre con el sol de fondo, o la luna, o la lluvia y las estrellas... todo según el momento y la oportunidad.

Y todas las cosas entonces, las que él pudo lograr y las que nunca fueron, en esas dos almas que se desvanecían bajo la noche y que vivirían para siempre en esa historia poderosa y brillante hecha cierta en el terreno árido de aquel, cualquier, lugar.

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23/4/13

Estación Razones Inexplicables…






Cuando me siento a pensar por qué estoy a tu lado insistiendo en festejar y hacer visible tu cumpleaños –incluso cuando tú no lo quieres–, pienso que tiene que ver con que resulta muy importante para mí, y creo que en ese sentido es necesario conmemorar este día como un evento que supera lo cotidiano y lo trivial;

Cuando me siento a pensar por qué estoy a tu lado insistiendo en festejar y hacer visible tu cumpleaños –y comienzo a pulir la idea–, siento que soy un afortunado universal que entre todas las probabilidades de ser, ha podido florecer contigo un año más…

Y entonces lo pienso cada vez mejor y lo imagino, y está Salomé, y están estos casi 10 años juntos, y nuestras mochilas, y nuestras sandalias, y nuestra carpita cuatro puestos, y nuestros peroles, y nuestras alegrías y tristezas, y nuestras “muvis” y cartas, y nuestras improvisaciones en la cama, y nuestras sonrisas y complicidades, y entonces todo se dibuja con una claridad insospechable frente a mis ojos que no puedo poner en el papel, pero que me da millones de razones para ser feliz a tu lado y para celebrar con el cosmos mismo que he tenido otros doce meses de permiso más –y tú también– para seguir andando juntos.

Verte a los ojos se ha convertido en mi aliento y mi combustible, en mi capacidad única de seguir adelante y batirme con los días malhumorados que me alejan de ti y de Salo, pero que me dan la esperanza de que tendremos el futuro que queremos.

… Y claro, no todo es perfecto. Hemos tenido rachas malas –y cuando pienso en esto recuerdo que hoy todavía no me has llamado–, pero estoy seguro que es imposible valorar lo importante sin tropezones en el camino, sin dificultades o curvas que destaquen las autopistas veloces por las que subimos a nuestro cielo también indefinido, también inexplicable… y sonrío, porque sin ti extrañaría hasta tus días más oscuros, tu ceño fruncido sin motivo aparente, tu mala historia, tu mala hora… porque sin ti, sin tu sagrado cumpleaños, sin todo lo que representa el tiempo tuyo en el mundo, en mi mundo, la vida misma tendría menos sentido.

… ¡¡¡Feliz Cumpleaños, veintinueve millones de veces Feliz Cumpleaños,  para el mejor regalo de toda mi existencia!!!: tú.

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