21/6/12

Estación solo-loy




Por la noche los tres payasos de Solo-loy se levantaban a jugar. A veces eran abusados por los demás juguetes y por sus dueños, y ya temían la llegada de la oscuridad.

En las mañanas todo volvía a ser como siempre. Posaban quietos e impacientes en un rincón, pero cada vez con más frecuencia eran desplazados por el televisor y nuevas versiones de los muñecos de temporada. La sonrisa pintada se desvanecía bajo la presión del tiempo.
    
     - Hija, voy a sacar de circulación estos payasitos, ya no los utilizas y están muy viejos para regalarlos. 

En el basurero la vida ha sido bastante más difícil. Siempre hay un perro que quiere jugar con los muñecos, asediados por la actividad y las luces, mientras pierden sus extremidades en un castigo horrible que les hace recordar y estimar sus tardes de contemplación, quietud y rechazo en casa.

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