Mostrando las entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas

5/1/09

Estación inquieta

Chasca los dedos, o mejor aún, truénalos mientras soplas el diente de león. Luego piénsame, prende las velas, las cortinas y los muebles y encomiéndame a tu pequeño buda amarillo de marfil.

Lo que quieras, por supuesto, todo está permitido; si quieres puedes derramar el vino en la mesa o traer las llaves viejas que protegen los recuerdos de la loca Ismaela… lo importante es que te acuerdes de mí y desees con vigor que el mundo nos cambie otro poquito.

A manera de agradecimiento te prometo que en la próxima luna nueva serás la primera en saber si triunfamos en la petit roulette.

- Esto no es cuestión de suerte mi querido Martini, esto es cuestión de tiempo… ¿porqué no te tomas un trago y te explico?...

Mientras la bebida tiene lugar, puede leer algunos textos personales haciendo clic aquí

7/12/08

Estación de esperanzas atribuladas

Aunque veo sus rostros me resulta imposible recordar la última vez que los vi. Siquiera la primera. No los conozco, independiente de que quieran engañarme con su sonrisa nacarada. En realidad, ahora que lo pienso, eso es lo que más odio de estas tardes de reuniones familiares en las que todos me saludan como figuras de vitral coloridas y carentes de detalle.

No puedo esperar para que la lectora de los ojos canela pase de las primeras diez páginas y me permita avanzar esta parte de la historia de una buena vez por todas. Que desasosiego ver como comienza una y otra vez y luego abandona el libro para dejarlo de nuevo en el estante o en cualquier otro lugar sin marca alguna de página, párrafo o sección. Padezco, claro, entre tanto, atrapada en un loop literario que sucede a su complacencia, sin saber si seré capaz de recordar o identificar a las criaturas de barro que desfilan ante mis ojos.

Ella, por supuesto, también sabe que ha leído las diez páginas tantas veces como noches lleva en este lugar, pero, al igual que yo, es incapaz de recordar a los personajes que dibuja su imaginación en el camino de las letras y comienza de nuevo con la esperanza de re-conocerlos, de poder conversar con ellos y refrescar su memoria.

Por mi parte, quisiera tumbar la vela del cumpleaños, desatar el fuego y purificar la escena; dejar de vivir el incendio en mi memoria y hacerlo realidad literaria. No obstante –de ahí que sepa que soy un simple argumento– estoy atrapada en el libreto, en la misma escenita de muebles caoba saturados de globos satinados y papel de color.

Me queda la esperanza perpetua, infinita y certera de no ser la única maniatada por la repetición que trae el olvido, lo que me deja pensar que tampoco soy la única al borde de encender las llamas y desatar el infierno que padecemos entre las líneas de la algarabía ajena.

Feliz cumpleaños criatura, feliz cumpleaños a ti mientras a mí me llega la hora de nacer.


Para otros breves textos personales de sentimiento, realidad o ficción, clic aquí.

7/9/07

estación batalla


Once Upon A Time
–Said the Storyteller–
There was a kill that destroyed the world

Hubieras visto su cara de espanto. Esa noche nos había desconocido a todos. Miraba a su alrededor con sus ojos pardos como un bebe que descubre su universo visual sin objetivos claros. En realidad eso era lo que más hacía que nosotros también sintiéramos miedo…

Por aquellos tiempos la hoguera hubiera sido lo menos para sus demonios; para saciar la ignorancia humana que rechaza y condena aquello que no comprende, aquello mismo que es la muerte y la enfermedad. Pero hubo luz, hubo gardenias en medio de la desesperación y cesaron las llamas.

A pesar de que el fuego de esos días dejó sus heridas, también fue suficiente cauterio para encerrar los demonios (De vez en cuando alguno se escapa, pero no es fácil darles alcance… qué más quisiera…).

Sin embargo, aunque me queda la certeza de una batalla terminada, la tierra es fértil para que la guerra se desate, y sólo queda esperar y confiar en su espíritu grande y sereno, en su sello divino contra los provocadores ocultos en el laberinto, como única esperanza de llegar hasta el final más allá de todo
terremoto.

Y aunque de cuando en cuando tiembla, todavía reposan las extremidades de las aves sobre el suelo, presagiando la calma, desafiando el acecho, mientras nosotros empuñamos la espada con la esperanza de nunca más tener que usarla.

Para otros textos personales, clic aquí